
Box, filosofía y vida (12-3-2005)
Autocrítica (17 06 2006)
Intentamos hacer un recorrido por la argumentación que se puede alcanzar por el medio del estudio filosófico, y justamente por aquel que tuvo que realzarse por obligaciones escolares. De modo que, por esta advertencia, la autocrítica se limitará a señalar algunos puntos de mi propio interés actual. Sostendré los errores propios de cualquier desarrollo académico, pero sí evitaré reproducir faltas ortográficas e incorrecciones de estilo.
En cuanto a Box, filosofía y vida; pude recordar las lecturas que tuve oportunidad de elegir, sobre todo, al parecer, La Filosofía Científica de Hans Reichenbach. Me vi influenciado a criticar a las filosofías literarias, por una visión, de mi parte, un tanto simplista de la ciencia, en cuanto a la simplicidad del método científico; pero también una visión un tanto compleja, por la sensación de trascendencia que provoca una imagen del científico a la mística de un mago y su arte esotérico. Creo que es natural que en el desarrollo del pensamiento, aparecen descubrimientos de los cuales sentimos el entusiasmo de la verdad, la cual nunca nos deja satisfechos, y siempre queremos más, pues se esconde. Pero, en cuanto al entusiasmo de la certeza, seguido pasa que las personas tiendan a expresar su opinión como cosa verdadera. Es natural que ese entusiasmo se contagie fácilmente por buenos usos del lenguaje. Entonces, algo me provocó un fanatismo que me convencí de que nuestra percepción natural del mundo era caótica, y que la filosofía sistemática era un esfuerzo de interpretación falsificada del mundo, y expresada en el lenguaje literario. Esta crítica tiene sin embargo, un límite, si el caos al que se refiere una percepción pertenece al mundo social; pero no ciertamente al mundo de la naturaleza astronómica y climática por ejemplo. La naturaleza así, muestra un orden admirable, en el reloj de los días y las noches, y de las estaciones del año. La premisa por la que me baso en este artículo me parece entonces, medianamente sostenible. No le sigo, porque luego no acabo.
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El objetivo es una contribución al problema de la definición de lo que sea la Filosofía, para la que se ha empleado una analogía con el box y se ha empleado una explicación de cómo la filosofía se realiza en la vida material. En los dos casos, en la analogía con el box y la exposición de la vida material, se resaltan los elementos irracionales, que son lo contrario de lo que la filosofía pretende, como las emociones y las afecciones, y que nos ayudan a delimitar lo que la filosofía sea. Así como en el box y en la vida hay elementos irracionales, en la filosofía también los hay, y que se han materializado en los estilos literarios, que son motivados por la tendencia a la belleza literaria, y ésta a su vez, es la materialización de los motivos emocionales y afectivos. Y estos motivos emocionales y afectivos también alientan la creación de sistemas ordenados que intentan mostrar la realidad desordenada. Hasta aquí, se ofrece lo que no debe ser la filosofía. Pero también, en la historia se ha registrado una constante en filosofía: la racionalidad. Lo que sí debe ser la filosofía no es precisamente la racionalidad pero sí la racionalización del conocimiento humano. Por este medio se intenta definir lo que sea la filosofía científica y empírica, que sería la filosofía por antonomasia.
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Qué sea la filosofía es lo que se tratará en este texto. Hemos conocido varias definiciones de la filosofía, pero las diferencias de esas definiciones han sido implicadas por la época en la que cada definición se establece. Conocemos términos como “prefilosofía” con lo que podemos identificar el momento justo en que algo es no-filosofía y después de esta no-filosofía se nos aparece algo inusitado: la filosofía misma. Puedo estar de acuerdo en que la filosofía, históricamente conocida, comienza en Grecia. Hay quienes pretenden que ella haya comenzado en China o en la India, acaso en Meso-América o en el Medio Oriente, etc. Puede que pueda, y nada más. La filosofía comienza en Grecia.
¿Cómo comienza la filosofía en Grecia? Hemos conocido varias versiones de cómo haya comenzado en Grecia. Hay quienes dicen que los pueblos de más cercana vecindad con Grecia influenciaron en el pensamiento filosófico griego, no por la forma de abordar los problemas, sino por los problemas mismos: ¿qué es el universo?, ¿qué son las cosas?, ¿quiénes somos?, ¿de dónde venimos y a dónde vamos? etc. Todos eran problemas de esos pueblos vecinos y de otros. Podemos decir que son problemas universales. Otros opinan que la poesía lírica griega es el último empujón hacia la filosofía. Ciertamente la poesía lírica abarca los problemas que llamaré “universales”.
El caso es, que lo que se entiende aquí por filosofía, es el sometimiento del conocimiento de los pueblos vecinos o del conocimiento de la poesía lírica a crítica racional. Aparece por primera vez el concepto razón como lo entendemos aquí.
Tales de Mileto es el primero, según los historiadores, en someter algunos problemas universales a la razón. Las cosmologías y cosmogonías arcaicas y tradicionales de los pueblos orientales próximos, en Tales se les despojan de elementos, digamos irracionales, para poder apropiarnos de sólo la parte racional. Lo mismo dígase de Anaximándro y Anaxímenes.
Hablando ahora de los poetas líricos griegos, ellos tomaron los problemas antropológicos de los problemas universales. Es Sócrates quien toma estos problemas ya presentados en la lírica para dotarlas de crítica racional al buscar la definición de conceptos y olvidarse de los elementos irracionales.
De lo anterior podemos observar que la razón es el elemento filosófico por antonomasia, tanto en los milesios, en los problemas físicos; como en Sócrates, en los problemas antropológicos. Pero, ¿es verdad que la filosofía de los milesios y la socrática, están poseídas totalmente por la razón y que carecen por completo de los elementos irracionales? Falso. Dudo, no sólo de la griega, sino de toda filosofía, la pureza racional. ¿Qué es, pues, lo que defina a la filosofía? La razón misma. Que la filosofía no sea en realidad pura razón, no significa que no nos podamos mover conceptualmente con la definición de filosofía con la razón, que es su elemento principal.
Box
No hemos dicho nada nuevo. Todo lo anterior es muy aceptado si no por todos, por casi todos. Pero ahora nos preguntamos, ¿qué tiene que ver la filosofía con el box? He ahí la cosa. Las dos disciplinas tienen reglas, en las dos se trabaja con el cuerpo y la mente. El box trabaja con el cuerpo; el movimiento de los pies y piernas para desplazarse sobre el ring o cuadrilátero de combate, para tomar posición de ataque o de defensa o para no recibir un “golpe en seco”, como en el caso de estar bien “plantado” sobre el ring; el movimiento de la cabeza y cintura al esquivar golpes; el ataque de los puños con guantes impulsados por los brazos y el dorso; etc. El box trabaja con la mente; el caso de la táctica o estrategia del los combates o asaltos. También la filosofía trabaja con el cuerpo y con la mente: con la mente, en el uso de conceptos y al incorporarlos en sistemas o en épocas históricas, o en muchos casos más; y con el cuerpo, pues no hay el caso en que una mente trabaje sin cuerpo, y esto es suficiente.
Ahora, las dos disciplinas trabajan con reglas. En el box no es permitido conectar un golpe con las piernas, antebrazo, codo, etc., excepto con los puños. No se permite conectar golpes, aunque sea con el puño, ni en la nuca, ni de bajo del cinturón del pantaloncillo por los riesgos vitales que implica. En filosofía tenemos como regulador de las arbitrariedades a la lógica. Así, pues, tenemos por lo menos dos cosas en común en estas disciplinas de la vida: factores de trabajo (cuerpo y mente) y reglas.
¿Qué pasaría si un boxeador no acata las reglas con las que se regula el box? Seguramente, el combate lo pierde por descalificación por decisión unánime de los jueces, el entrenador lo abandonaría por la falta de disciplina en el boxeador, por lo tanto, perdería no sólo un combate, sino toda su carrera boxística y lo que esto implica: una opción de la posible autorrealización, fama, dinero, etc. Sería un fracaso.
El caso contrario es cuando el boxeador respeta las reglas y, a parte, es muy talentoso, fuerte y hábil y su “gancho al hígado” es fatal. Al boxeador se le augura éxito.
Box y filosofía
Hasta aquí podemos ver que la filosofía y el box mantienen elementos en común. El desarrollo de ambas ha sido la competencia física e intelectual. Ya hemos explicado que los dos factores (cuerpo y mente) los encontramos en las dos disciplinas. Ciertamente, en una y en otra cada factor se ha impuesto sobre el otro de acuerdo a las exigencias de la misma disciplina en cuestión. En el caso del box, el cuerpo es más fundamental que la mente, aunque sea mínimamente. Igualmente en la filosofía es mínima la importancia de la mente sobre el cuerpo, por el sólo hecho de que sin cuerpo, simplemente no hay reflexión, de donde la filosofía obtiene sus conceptos; pero que, habiendo el cuerpo, no necesariamente hay filosofía, puesto que a la mente se la puede emplear para otras actividades intelectuales que no sea la filosofía propiamente.
El boxeador ha recibido un entrenamiento físico y se le ha capacitado para derribar al otro boxeador en combate. Para derribar al otro debe el boxeador conectar golpes con efectividad en partes específicas del cuerpo del otro. Cuando se dice “efectividad” se refiere al efecto positivo, es decir, a favor de quien efectúa el hecho, del golpe. Existen varias formas de ataque en los movimientos de los brazos del boxeador para hacer contacto efectivo con el cuerpo del otro. Pero puede haber boxeadores que prefieran unas formas de ataque que otras por el estilo que se impone el propio deportista. De aquí, entendemos que hay estilos de boxeo, pero el estilo aquí no es una forma estética de pelear, indiferente a la efectividad del boxeo, al contrario, el estilo está impuesto con miras a la efectividad. Se entiende que el box no busca una belleza estética, a menos que se considere a la efectividad como lo bello. Puede que la efectividad sea bella, pero puede que no lo sea siempre. Sabemos que el boxeador, a veces, con tal de ser efectivo, comete faltas a las reglas boxísticas y, entonces, la efectividad, así conseguida, nos ofrece un aspecto grotesco.
Quien se dedicase a la filosofía habrá tenido que seguir los caminos de la racionalización de sus objetos de estudio. Esto quiere decir, que cuando estudia el filósofo debe pensar con razón, interpretar con razón y argumentar con razón. Todas las actividades filosóficas no deben salirse de los confines de la razón. No se tome a la razón en el sentido absolutista de los racionalistas, sino más bien (en un sentido empírico) como el instrumento metodológico con que el hombre piensa la realidad. La argumentación es los golpes de la filosofía. La argumentación, así como los golpes boxísticos, debe ser efectiva. Hay estilos de lenguaje escrito pero éstos deben estar subordinados a la efectividad de la argumentación. De manera que si una argumentación se presenta con más belleza literaria que claridad efectiva cognoscitiva, será una argumentación tomada como literatura no filosófica. Y es aquí donde literatos pretenden que sus argumentos sean tomados con seriedad filosófica, cuando insertan en sus mismos argumentos elementos irracionales. Es aquí, como en el box los ataques del boxeador, en filosofía la trampa se presenta en forma de estilo. En el caso de la filosofía, es un estilo literario.
De aquí, destaquemos pues, dos aspectos. Las trampas. En el box y en la filosofía hay trampas. Ahora tenemos tres elementos en común entre box y filosofía: se trabaja con mente y cuerpo, hay reglas en las dos disciplinas y estas reglas se pueden quebrantar; es decir, hay trampas. Tenemos claras las trampas del box, por lo que creo que no sea necesario exponerlas, además de que sería peligroso. Pero, se preguntaría ¿qué tipo de trampas hay en filosofía si está regulada por un rector que ha venido en los últimos tiempos en constante crecimiento desde su surgimiento, dígase la Lógica?
Filosofía
Ya hemos hablado de los milesios de Jonia en el surgimiento de la filosofía como la racionalización del conocimiento vigente en esa época. Tales, Anaximándro y Anaxímenes fueron los primeros pero no los únicos. En la Magna Grecia, en Italia, había también otros pensadores que cultivaron a la filosofía, piénsese en Parménides, en Jenófanes, Pitágoras, etc. Desde sus comienzos hasta el origen del cristianismo occidental, la filosofía se había caracterizado por la gradual racionalización del conocimiento.
Lo que pasó en Europa cuando el cristianismo surgió, como todos sabemos, los apologetas griegos del cristianismo tuvieron una pugna con quienes querían rechazar todo tipo de pensamiento que no estuviera conforme con la Sagrada Escritura bíblica. Los padres griegos de la Iglesia sí aceptaban a la filosofía pero sólo como la sierva del conocimiento bíblico. La filosofía perdió su independencia, lo que nunca se pudo haber imaginado. La filosofía nació para ser crítica y no para servir a la acriticidad. Se puede pensar que este problema ya se ha superado, pero es al contrario; podemos acercarnos al conocimiento de hoy, ya sea vulgar o el que se pretenda científico, y observar en él un alto grado de acriticismo. La filosofía ya no respondía a su natural disposición y estaba al servicio de las trampas filosóficas del cristianismo.
(Aunque es muy reduccionista y oficialista la historia que aquí tenemos es sólo por comodidad.) Después de la Edad Media en que la filosofía sirvió a la doctrina cristiana, lo que conocemos como el Renacimiento, vino a sacar a la filosofía de su posición servil y a ponerla en una nueva disposición crítica. En realidad, la filosofía, como supuesta racionalización del conocimiento, nunca ha estado libre de lo irracional, y es posible que nunca lo esté. Pero en su historia se han registrado caídas y progresos en la racionalización del conocimiento. El Renacimiento registra un progreso significativo. Desde el interior del cristianismo Nicolás de Cusa coopera para el surgimiento de la liberación de la filosofía. El problema del infinito y de su aplicación al mundo, en la cosmología cusana es positivo y con Bruno se reafirma; Galileo y Kepler, sólo por mencionar a los determinantes en la historia oficial de la filosofía de la naturaleza del Renacimiento, han marcado también un momento de la racionalización.
Dando un salto en la historia de la filosofía, demos por supuesta la revisión de la Ilustración europea, pues en ella lo que se tenía por muy alto, era precisamente la razón. Sólo que, como podemos ver, resultó excesiva la estimación por la razón, por lo que surgió un movimiento antirracionalista y que dejó a la filosofía, otra vez, sometida al irracionalismo de la humanidad. En la Ilustración fue excesivo el aprecio hacia la razón y los irracionalistas se excedieron en el rechazo de la razón, lo que significa que las dos corrientes filosóficas se situaban en dos extremos irreconciliables.
Cuando estas dos corrientes abordaban problemas en los que nunca se pondrían de acuerdo, hubo quienes se desentendieron de tales problemas. Hubo quienes se quedaron maravillados por el poder del conocimiento al que podía el hombre acceder por la combinación de los métodos inductivo y deductivo. Desentendidos éstos de los problemas de los otros, fueron cultivando su filosofía científica.
En la actualidad tenemos que las ciencias se han dividido en áreas y las llamamos ciencias positivas, las que han sido el producto de la tendencia científica al método inductivo. Ahora, pues, en la actualidad, la filosofía se ha encargado de hacer crítica al conocimiento científico (o lo que se pretenda científico). La filosofía actual es el intento de racionalización del conocimiento científico actual.
Después de esta breve e incompleta historia de la filosofía, podemos estar de acuerdo en que el elemento y concepto principal de la filosofía es la razón. En la historia se revelan los hechos por los cuales la filosofía ha perdido su razón de ser y ha sido absorbida por otras áreas del pensamiento que son irracionales.
Intentando dar una definición preliminar de la filosofía para seguir avanzando es: que la filosofía es la racionalización del conocimiento humano. ¿Cómo se hace la filosofía? Haciendo crítica racional. Y la Lógica es su instrumento. Y la Lógica es el razonamiento por el cual se racionaliza el conocimiento humano. ¿De qué se racionaliza el conocimiento humano? De los aspectos irracionales del pensamiento humano. Los aspectos irracionales se manifiestan en los discursos literarios precisamente por y en el estilo literario. Y como hemos dicho ya, el estilo constituye el instrumento principal de las trampas filosóficas. Y la principal trampa filosófica la constituyen las emociones y afecciones. Éstas son el tipo de trampa que tiene la filosofía.
Vida y filosofía
Son varios los aspectos en que la vida se manifiesta. Uno es el aspecto biológico de la vida. Hay vida económica; vida intelectual. Hasta hay quienes están seguros de la existencia de una vida después de la muerte. La filosofía se mueve en los pensamientos y éstos forman parte de la vida intelectual, lo que quiere decir que la filosofía forma parte de la vida intelectual, y ésta, la vida intelectual, es sólo una parte de la mente, donde no todo es filosofía, es decir, que en la mente se suscitan fenómenos que no son racionales. De donde se sigue que los hombres, que dependemos en buena medida de nuestra actividad intelectual, no seamos totalmente racionales, y que del área intelectual, según nuestras creencias, pasamos al área social moviéndonos con cierta actitud respecto al mundo.
Las actitudes que los hombres tomamos respecto del mundo vienen implicados y acompañados de todo el arsenal de todos los productos de nuestra mente, ya sean ideas, creencias, intuiciones, afecciones, emociones, etc., por lo que se explica que los filósofos que trataron de interpretar al mundo, en el que sólo encontraron relaciones caóticas, pero que, por la natural tendencia al orden, tales filósofos hicieron del caos de sus percepciones un hermoso sistema ordenado del mundo. ¿Cómo es que del caos real se obtengan sistemas ordenados en la mente? Esto es posible desde las trampas filosóficas o trucos lógicos que nos juegan los estilos literarios.
El mundo social no es un orden total y esto se debe a que los elementos irracionales de nuestra mente son parte determinante de la vida social. El mundo, tal y como es percibido por nuestros sentidos, es caótico, por lo que nuestra mente resulta caótica, y por todo esto, la vida social es también un caos. Aunque no en su totalidad, la vida humana es un caos.
El caso es que el mundo es caótico, pero nuestros sistemas lógico-matemáticos, que se presumen exactos, nos permiten pensar el mundo “ordenado”; pero, como podemos ver, esto es a todas sus luces, un autoengaño. De manera que, el hecho de querer ver al mundo tan ordenado como la razón nos permite ver tiene su correspondiente hecho: es el caso de la antropomorfización de nuestra idea de la divinidad. Los dos hechos representan el afán de reducir a, y representar en, las facultades humanas lo que no es humano. Los dos hechos representan actos de irracionalidad. La racionalización contemplativa del mundo es un acto irracional. Pero, la racionalización transformativa de la realidad resulta ser un acto racional en tanto que cierta racionalización sea posible.
En la historia de la filosofía se han registrado dos tipos de vida: la vida contemplativa y la vida, más bien activa y transformativa. De donde en la primera, la racionalización del conocimiento humano implica la conciencia de que nuestras facultades intelectuales racionales, representadas en nuestras lógicas matemáticas, son insuficientes. En la segunda, la racionalización se refiere más bien al impulso racional que el hombre impone al movimiento vital (que es caótico de suyo) del mundo. La racionalización transformativa no debe entenderse como un capricho humano, en el que el impulso racional represente el provecho y progreso exclusivo de la humanidad. El capricho es irracional tanto como la racionalización contemplativa del mundo y la antropomorfización de nuestra idea de la divinidad. El impulso racional no debe ajustarse al capricho humano, sino que debe ajustarse a las necesidades, no del hombre, sí del mundo.
Ahora bien, hay objetos que se escapan a la racionalización, y son algunos de los que no podemos tener experiencia objetiva tales como Dios, alma, el futuro, la muerte, etc. y hay objetos totalmente racionalizables como la materia, las ciencias, la naturaleza, la vida, etc. Por ejemplo, la vida económica. En el capitalismo, que es caótico, se han creado varios sistemas para poder entenderlo y para poder vivir en él, pero todas sus contradicciones de esos sistemas no han sido superadas, por lo que todos los sistemas ordenados del capitalismo han sido meros autoengaños y engaños conscientes. Por ejemplo, la producción sin medida del capitalismo, que no está ajustada a las necesidades del mundo, y, aun prescindiendo de esta conciencia de producir no más que lo necesario, la contradicción se resalta en la distribución de la vasta y excesiva producción capitalista, donde el consumo de la producción y el capital se concentran en menos del 30% de la población mundial.
Tenemos pues, que hay aspectos de la vida racionalizables desde nuestra disposición de la vida transformativa. Esta relación de la vida, contemplativa o transformativa, con la filosofía no debe ser opacada por los elementos no filosóficos, esto es, los elementos irracionales de la vida.
Conclusión
El objetivo del todo lo dicho hasta aquí en este discurso ha sido la definición de la filosofía, la delimitación de la filosofía, para lo que he echado mano de una crítica a la tendencia de la belleza literaria en los discursos filosóficos, y una crítica a lo que motiva esta tendencia: los elementos irracionales de la mente, principalmente las emociones y las afecciones. Éstas no sólo alientan a la tendencia a la belleza literaria sino que también a la creación de sistemas mentales ordenados para poder pensar y entender la realidad no ordenada. Hemos echado mano de una exposición de cómo la tendencia a la belleza literaria en la filosofía y la tendencia de la subordinación de la realidad a los sistemas mentales inciden sobre nuestra concepción de la filosofía, que, precisamente por tales tendencias irracionales, conceptualizamos a la filosofía tan ampliamente que resulta un absurdo hegeliano, no hay modo de delimitarla. Hemos echado mano también de una analogía de las trampas filosóficas, constituidas por los elementos irracionales de la mente, con las trampas boxísticas. La idea de la analogía ha sido propuesta por el hecho de que en ambos casos: en el box y en la filosofía, por las trampas que en ellos hay, al boxeador derriban y al pensador doblegan. En el caso del boxeador, un golpe en las partes nobles, es decir, debajo del cinturón, doblegaría y derribaría sin mayor esfuerzo al otro combatiente. En el caso de la filosofía, una argumentación con tendencia a la belleza literaria bien dirigida a las partes nobles, esto es, a los elementos no racionales de la mente, doblegan a cualquiera que no carezca de tales elementos emocionales o afectivos.
Desde aquí se puede dirigir una crítica a la filosofía, por un lado a los sistemas cerrados filosóficos, por responder a la tendencia del orden mental sobre la realidad, y que podemos enumerar aquí a la filosofía idealista que cae siempre en un sistema. Por otro lado, se critica a las filosofías que tienden a tocar el corazón, es decir, a nuestras emociones y afecciones, como la filosofía existencialista.
El hecho de que no es posible que un ser humano se deshaga de sus elementos irracionales, lo que sería un absurdo y quizá una catástrofe, nos dispone a pensar que la filosofía como el intento de racionalización del conocimiento humano tienda a ser interminable. Ahora bien, el hecho contrario, es que el hombre no puede ser totalmente irracional, dígase que no pierde su racionalidad, nos dispone a pensar que la filosofía ha sido desde siempre que haya habido racionalidad, que es el elemento filosófico por antonomasia. Estos dos hechos nos llevan a pensar que la historia de la filosofía se extiende lo que se extiende la historia del hombre.
Finalmente, podemos proponer lo que sea una definición de la filosofía. Primero, contamos con la definición de que es la racionalización del conocimiento humano. Entonces, el conjunto de todo aquello que sea una racionalización del conocimiento humano será nombrado “filosofía”. Es el caso de que sí hay elementos de este conjunto en la historia del hombre. Segundo, contamos por lo tanto con la confirmación empírica de nuestra definición inicial. Las diversas racionalizaciones que han tomado el nombre de “filosofía” se han realizado en distintos campos de la realidad. Se puede observar que dichas realizaciones han tomado también el nombre de “ciencia”. Por lo que se dice que el conjunto de que ha tomado el nombre “filosofía” y el conjunto de los elementos que han tomado el nombre “ciencia” son el mismo conjunto. Tercero, se dice entonces, que filosofía y ciencia son lo mismo. Pero cuando decíamos que la filosofía actual se caracterizaba por racionalizar el conocimiento científico, ¿qué podemos entender, ahora, de lo que sea filosofía, distinta de la ciencia? Cuarto, será entonces la filosofía de la ciencia, o la filosofía de la filosofía, o la ciencia de la ciencia, o la ciencia de la filosofía. Finalmente, pues, tenemos 1] la definición inicial, 2] su comprobación empírica, 3] identificación de ciencia y filosofía, 4] lo que sea la filosofía de la filosofía o meta-filosofía; o lo que sea la ciencia de la ciencia o meta-ciencia. Todos estos elementos constituyen, pues, del 1] al 2] la definición empírica y del 3] al 4] la división inductiva de nuestra definición empírica.























