
Es muy significativo el hecho de que desde la aparición de los griegos y su cultura, siempre se hallen ellos presentes en las mentes y en las lenguas de toda la historia que les viene después. La afirmación de la humanidad como la mayor preocupación en ella de su autoconocimiento, de su saber en dónde se está, y hacia dónde se va, habrá siempre de necesitar el saber de dónde viene. Y los griegos de la antigüedad clásica, tal vez en un principio sin saberlo, hubieron de construir un legado que no se ha podido acabar. Y si debe haber algún significado en este hecho, la inacabable locuacidad de la historia sobre los griegos, es la eternidad que fue, es y será, de la cultura que se ha heredado, que se transforma, y se realizará.
No es una fe ciega lo que nos mueve a los hombres a buscar en el pasado las respuestas de nuestra actualidad. Siempre que el esfuerzo sea impuesto por un propio impulso interior hacia el conocimiento de sí mismo, el hombre habrá de ser remitido a la esforzada construcción de los hombres del pasado. Y la consigna misma del autoconocimiento, es ya una propiedad inalienable, que ha sido amarrada a toda la conciencia de la humanidad desde la cultura griega.
Los que hemos nacido en esta época, no hemos nacido en el vacío, y lo hemos hecho menos que los que nos precedieron. Nuestra primera visión de la realidad no ha sido el caos informe, ni las primigenias aguas turbulentas. De niños no habitamos en el jardín de la paradisíaca inocencia, ni hubimos tampoco de perderla después. El mito es real en tanto que es innegable que lo que somos ahora, es porque algo ha sido de cierto modo antes. Nuestro presente es la consecuencia del pasado, pero también es la causa del futuro. Pero tal vez es el presente lo que es más nuestro, más que lo que sean el pasado y el futuro.
Algo debemos hacer con lo que es nuestro, el presente, pero si es nuestro nuestro deseo el trascender a él, habremos de meternos en el río de la historia, en la cultura de la eternidad, y obedecer a la naturaleza de nuestro propio espíritu, que debe ser libre en sí mismo, conocedor de sí mismo, y amante de sí mismo.





















