Problem solving

Ganar ganar o suma cero

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A poor boy sitting in the streets of Mumbai.

Parte de este arte, el del problem solving, o resolución de problemas, es identificar los problemas de acuerdo a su urgencia en un nivel de importancia determinado. El deseo suscitado en los individuos y las sociedades depende del sentimiento de imperfección o de carestía de un estado o situación actual. Así, el deseo lleva a la mente a determinar nuevas situaciones que servirán, como metas, de guiás para un proceso determinado, como planeación, para suplantar la situación actual por la situación deseada.

En general, los problemas más importantes se ponen sobre de los menos importantes. Así, en general, la felicidad de eleva como el deseo más bien definido para la vida de los individuos y de las sociedades. Lo que queremos pues es ser felices. Los individuos pueden pensar en adquirir la felicidad por vías diferentes. Pueden, por ejemplo, pensar que la felicidad individual se logra solamente por el medio de la felicidad colectiva. Mientras, por el contrario, un individuos puede suponer que su felicidad depende de la habilidad competitiva en un ambiente hostil entre los seres humanos, al modo en que se supone un contexto neoliberal. Así, las estrategias difieren, pues unos individuos prefieren una negociación de ganar ganar, frente a otros que se determinan por una estrategia de suma cero.

Se decide entonces, o por la solidaridad, o por la competencia. Las economías de los países dependen de su productividad, pero también de su consumo. En un contexto de mercados abiertos, la competencia se ha supuesto como el medio más justo de resolver los problemas de la distribución de la riqueza. Así, por sobre de la libertad financiera, se pone en primer lugar el problema de la libertad política. Un gobierno planificador, es decir, que limita la producción y el consumo de una sociedad, dejará, según la visión liberal, de fomentar la libertad política. Con ello, el totalitarismo se opone a la libertad de los individuos, de su autodeterminación, reflejada ésta en el libre consumo, y permitida por la libre producción. En contra, por lo tanto, del totalitarismo, el liberalismo propone la libertad de los mercados, por el bien de la libertad de los individuos y su determinación propia. Pero ello implica un estado de competencia, el cual puede ser caracterizado como estado de guerra económica, en donde las estrategias se separan espaciadamente de los elementos de la solidaridad, y para que se resuelva un problema, de un individuos o de una sociedad, es necesario que los problemas de otros individuos y de otras sociedades se profundicen. En un estado de competencia, unos grupos desean tener éxito por el medio del fracaso de los otros grupos rivales. Y los elementos de la solidaridad aparecerán según el criterio de la instrumentalización, para generar una situación que se imponga como competitividad frente a otros grupos rivales.

El problema de la pobreza es un problema que se debate entre la solidaridad y la competencia. Sin embargo, la formulación del problema se comprende como el resultado de un estado neoliberal, extendido durante 35 años, llevando una polarización de los ingresos hacia una distribución enfrentando a un 1% de ricos contra 99% de pobres. El problema de la pobreza, como se entiende hoy, es el producto de la competencia neoliberal, y la solución, por lo tanto, consiste en estrategias contrarias, es decir, de solidaridad. Sin embargo, estas estrategias, de ganar ganar para los pobres del mundo, son para el 1% de los ricos del mundo, un situación desfavorable, de perder frente a los pobres. Los gobiernos populistas proponen una negociación, en efecto, no de solidaridad para con los ricos, sino para los pobres, y se buscan subsidios gubernamentales, imponiendo taxaciones diferenciadas con respecto a las ganancias de los individuos y las empresas. Ciertamente, que por lo menos en las apariencias, estas estrategias que intentan resolver el problema de la pobreza, las que se oponen al neoliberalismo, no pueden ser entendidas como de solidaridad, sino de suma cero también.

Por otra parte, las mediciones de la pobreza se aclaran desde los datos de la mortalidad infantil. Los niños se ven como las mayores víctimas del problema de la pobreza. Entre estas dos frases, entre el “antes comer que ser cristiano”, y el “no sólo de pan vive el hombre”, los niños se debaten su felicidad. Cuál es pues la solución de nuestros problemas, y qué es más importante, si el cuerpo o el alma de los niños, es materia de reflexión. Hay niños, un felices y otros infelices. Cuáles son las causas, habrá de determinarla una buena ciencia, y sobre de su determinación, habrán mejores posibilidades de tender una respuesta como mejor solución, que se espera equilibrada entre el bien material y el bien espiritual.