La familia y la escuela

Platón sobre la virtud y Stirner sobre la libertad (2012)

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Las virtudes cardinales, pintura de Rafael Sanzio, en una de las Estancias de Rafael, en el Palacio Apostólico de la Ciudad del Vaticano.

Como tema de discusión entre los dedicados a los estudios de la educación, es frecuente
usar mucha lengua y tinta, y distinciones entre conceptos como ejercicio básico y
fundamental de toda ciencia. La educación, como tema social, ha requerido distinguir entre
instruir y formar. La necesidad consiste en que la instrucción bien puede conducir o servir
para la formación, pero que no es ella misma la propia formación; y por lo visto al revés, la
formación no es la mera instrucción, sino algo que es más e implica mayor dignidad en la
cuestión social.
En el Eutidemo, Platón hace discutir a Sócrates con Dionisidoro y Eutidemo sobre el valor
del saber. Puesto que de principio se afirma que el saber es algo bueno y no malo, todo
hombre desea adquirir conocimientos lo más que se pueda. Pero se cuestiona si en verdad
es bueno el saber cuando éste no es más que el conocimiento de que algo existe. Es bueno
saber carpintería, pero es mejor el saber del carpintero sobre carpintería. Es bueno saber
pesca, pero es mejor el saber del pescador sobre la pesca. Pero ¿qué ocurre con la virtud?
Es bueno saber que existe la virtud, pero es mejor el saber del hombre virtuoso sobre la
virtud. Y si la virtud es algo que se puede enseñar, lo mejor sería acercar hacia el hombre virtuoso, a aquel a quien se quiere enseñar la virtud.
Por otra parte, está la opinión de Max Stirner. Para él la educación, si ha de tener valor, éste
será el mayor de todos para la vida de un hombre, que es la libertad, no ya sólo del
pensamiento, sino que en una mayor elevación, es más la libertad de la voluntad. Para su
época, la educación era posible en dos tipos, el llamado Humanismo, y el llamado
Realismo. El primero, filosófico, tradicional y romántico; el segundo, industrial, novedoso
y pragmático. Los dos bien pueden ser liberadores del pensamiento, pero es necesario morir
en este estadio, para un nuevo renacer, que es la libertad de la voluntad. Este renacer
necesita la muerte, y todo lo aprendido en las escuelas debe ser desaprendido, y de allí
habrá de nacer el conocimiento personal, el que será de la libertad de la voluntad, del
querer, y del querer conocer. Stirner piensa que la escuela instruye, y por lo tanto,
esclaviza; pero la educación, la de la dignidad de la libertad del pensamiento y de la
voluntad, no está ni en la escuela ni en la familia, esta educación habrá de estar abstraída de toda
relación social, y será libre en lo personal.
Estos dos ejemplos académicos exponen claramente la distinción que hacen entre la
formación por una parte, que implica la mayor dignidad de la educación, ya sea la virtud (Platón), o ya
sea la libertad (Stirner); y la instrucción, por otra. La instrucción, en el caso de Platón, se piensa que
bien puede ser mala en vez de buena, siempre dependiendo de si ese saber de instrucción es
virtuoso o no. El saber de la virtud siempre es bueno. La instrucción, para Stirner, ya se
decía, es ser esclavo.
La instrucción y la formación, académicamente pueden ser distinguidas. Y tras de esas
distinciones Platón diseña su programa de educación en formación de la virtud, y crea su
escuela, y propone desaparecer las familias y la propiedad privada, y tener a las mujeres y a
los niños en propiedad común. Stirner propone desaparecer tanto a la escuela como a la
familia. No sabemos dónde, pero sabemos qué. Que sean donde sean; virtud y libertad.