El nuevo modelo educativo presentado por la SEP empezará a realizarse en el ciclo escolar de 2018-2019. En general, presenta cinco ejes centrales: 1. Las escuelas son lo central. Se toma en cuenta el contexto social de los lugares geográficos en donde se ubican. 2. El plan curricular interesa por su énfasis en el desarrollo integral de las personas. Las habilidades para el aprendizaje se ponen de relieve, pero también se puntualiza en las habilidades sociales y emocionales, la cívica y la ética. 3. Los maestros entrarán en una lógica de desarrollo que permita la profesionalización por medio de la evaluación constante. 4. La inclusión y la equidad se plantean para enfrentar el problema del acceso a la educación de la población vulnerable por diferentes razones, de raza, social, género, o discapacidad, etc. 5. La gobernanza del sistema educativo busca la eficiencia y la legitimación del sistema, por medio de la participación convocada de los diferentes actores de la sociedad educativa, contando con autoridades, padres de familia, maestros y alumnos, sindicatos, y la sociedad civil, etc.
El anterior secretario, Emilio Chuayffet, ya hablaba de formación integral del hombre. La composición del hombre, como cuerpo y alma, es con lo que se planteaba la necesidad de la formación educativa integral. Se trae pues a nuestra modernidad los ideales de la filosofía platónica, de educación completa para el ser humano, formado por la música para el alma, y por la gimnasia para el cuerpo.
Es de observar que el nuevo modelo educativo, presentado por el nuevo secretario, Aurelio Nuño, presenta novedades, particularmente en lo que se acerca a la formación de habilidades sociales y emocionales. Y se debe de tomar en cuenta que estudios recientes muestran que valores sociales como la solidaridad, la cooperación, el respeto, y la resolución de problemas, escasean en ciertas condiciones y se favorecen en otras. Por ejemplo, el estudio de Sylvia Schmelkes nos muestra que las escuelas en comunidades indígenas, extrañamente, tienen baja calificación en el componente del respeto, mientras que escuelas privadas sacan calificación alta. El estudio también muestra la variable de los géneros, y como se esperaba, las mujeres respetan más y solidarizan más, y en buena medida, más digo, que los hombres.
Se puede ver que la tendencia de este nuevo modelo educativo va hacia una formación más emocional, restando espacio al modelo anterior, de formación más intelectualizada. Se ha hecho la observación de que este nuevo modelo no debe de descuidar la necesidad del trabajo esforzado del pensamiento con la materia de las matemáticas, por ejemplo, ya que éstas requieren de horas de ejercicios, y no ciertamente por medio de la estimulación emocional. Se habla de que el estudiante debe ser feliz en las escuelas, por medio del arte y la creatividad, y que no sufra por los difíciles y tediosos ejercicios de las matemáticas.
Hace unos años, buena parte de la comunidad académica, especialmente del área de las humanidades, se mostraba nerviosa y preocupada por el futuro de la formación humanista del sistema educativo mexicano. Se hablaba de la salida de las materias de la historia, de la filosofía, de las artes y del civismo, del currículo de las escuelas. Sin embargo, ahora todo eso ha quedado atrás, y lo que ocurre, por el contrario, es que las escuelas serán templos del humanismo, el espacio soñado de las materias humanistas, combatientes de la educación intelectualizada o positivista, ésta que es la que ha dado números bajos en habilidades emocionales y creativas.
Este es el sueño de los filósofos. La filosofía de la antigua Grecia soñó el nuevo modelo educativo de la administración del presidente de México Enrique Peña. Hoy los mexicanos deberán de ser más solidarios y cooperativos, menos egoístas y desarraigados; más creativos y felices, y menos repetitivos y amargados. Hoy los mexicanos deberán de ser menos calculadores, individuos intelectualizados, como los varones; y ser más sociales, emocionales y afeminados.






















