Un análisis científico ofrece la distinción entre el porcentaje de la población y el porcentaje de la riqueza. Y una posible explicación o descripción de esa distinción se muestra en la relación de la distribución de la riqueza nacional o del ingreso total.
Así, con el INEGI nos podemos servir de cifras que nos muestran que el 10% de la población percibe el 50% del ingreso, el 1% percibe el 17.3%, el 0.1% percibe el 5.2%. pero en términos relativos, el 10% de la población más rica lo es 57 veces más que el 10% más pobre; el 0.1% más rico alcanza una cifra de distribución 52 veces su tamaño relativo, el 0.01% 165 veces, 0.001% 392 veces, y el 0.0001% 1022 veces.
El estudio de la pobreza puede sin embargo acercarse desde tres niveles: uno, el nivel abstracto (necesidad del entendimiento objetivo); dos, nivel crítico (necesidad del entendimiento subjetivo); y tres, nivel sistemático (modelos matemáticos con capacidad para aumentar el cálculo de infinitas variables).
Pero debe uno observar, desde esa clasificación, el doble significado de la objetividad. Puede ella interpretarse como la realidad de los objetos de la experiencia, o puede interpretarse como la objetividad subjetiva de la realidad de las relaciones de la lógica. Desde el nivel sistemático sin embargo, se implica una doble objetividad. Así, desde el modelado matemático la sistemática implica la objetividad subjetiva de la realidad de las relaciones de la lógica; y desde el aumento de infinitas variables, por otro lado, se implica la objetividad de la realidad de los objetos de la experiencia.
Se debe de notar también el doble significado de la experiencia, o como objetiva o como subjetiva. Críticamente, la experiencia se considera subjetiva. Sin embargo, el modo objetivo de considerar a la experiencia, refiere una necesidad de la ciencia positiva, de suponer, desde un inicio, la realidad objetiva de los objetos de la experiencia.
Pero hagamos un apunte sobre la utilidad de la filosofía. A ésta se le puede entender como la crítica de la ciencia positiva. El problema social de la pobreza, por ejemplo, es abarcado por la ciencia política positiva, que consiste en determinar un concepto de la pobreza y una medición objetiva de la pobreza, en términos de ingreso o de consumo. Desde allí es posible determinar un número a la estimación de la pobreza, en términos de dinero. Pero la filosofía, desde su labor crítica de la ciencia, emprende un examen epistemológico de los fundamentos del conocimiento de la pobreza mediante las metodologías positivas. Se reconoce, críticamente, que la pobreza es una realidad verdaderamente compleja y multidimensional, y que la ciencia política positiva reduce el fenómeno al entendimiento económico, y que supone desde allí, que todos los hombres se comportan bajo un régimen de racionalidad económica. La ciencia positiva, si se propone obtener conocimiento verdadero, y que la suposición de que los objetos de la experiencia sensible se comprueban como verdaderos y reales, a partir de allí, si es verdadera la ciencia positiva, entonces ella está autorizada a proponer verdades no sólo positivas, descriptivas de la realidad social, sino que también normativas, prescriptivas de las acciones y del comportamiento humano.
Pero esta relación debe de ser revisada también por la filosofía, que es la actitud crítica de la ciencia. La importancia de la toma de decisiones, o las políticas económicas de los gobiernos, se debe a la relevancia de los cambios sociales que implican el sufrimiento y la felicidad de muchas personas. La utilidad de la filosofía debería de responder a ese grado de importancia, y debe suponer que los objetos de la experiencia no son tal cuales se los percibe, pues críticamente se reconoce que el observador impone una forma de ser a los objetos de la realidad social, pues él mismo, el observador, es parte misma de la realidad social. Una descripción propiamente positiva se desvanece detrás de esa crítica, y es posible que la política económica deba desvanecerse también, pues ella está basada en el fundamento científico de la ciencia política positiva.
Un posible resultado de una investigación sobre las relaciones entre la desigualdad económica y la desigualdad política, si es dable hacer esa distinción, es que sea posible determinar relaciones causales. Podríamos intentar observar, por ejemplo, si los fenómenos de la pobreza muestran efectos de causalidad, determinando a la desigualdad económica (la distribución del ingreso), como la variable independiente, en un estudio de casos estadísticos, en relación a la desigualdad social (distinción de género, de raza, de derechos políticos y de virtudes culturales), que sería la variable dependiente. O podría darse un análisis distinto, que mostrase a la desigualdad social como la variable independiente, en relación a la desigualdad económica, que sería la variable dependiente.
























