En México, desde 1994, esta tensión se inició desde que el Banco de México dejó de ocuparse por la administración del gasto público y de la recaudación de impuestos. La Secretaría de Hacienda quedaría en el estado de autoridad para esas tareas.
Pero después del gasolinazo del 1 de enero, las movilizaciones políticas, tanto de consumidores como de productores, han conducido a que se ofrezca, en el 10 de febrero, un descuento de impuestos para el productor, del ISR, habiéndose instalado en zonas económicas especiales.
Por su parte el Banco de México, argumentaba que el gasolinazo no implicaba una inflación, pues no mostraba alza de precios continuada. En la segunda quincena de enero, por otro lado, la moneda mexicana frente al dólar americano, en el tipo de cambio, se recuperaba hasta llegar a 20.40. La canasta básica se vio favorecida para los consumidores.
El debate se dio entre si se aumentaban las tasas de interés, si un cuarto de punto, o hasta un medio base. Se concluyó, que a pesar de todas esas bondades mostradas, se debía aumentar hasta .50 por razones de precaución. Además de que se pretende que sea esa la única alza para el año 2017. Otras instituciones bancarias en cambio, esperan más alzas hasta llegar a 7.5 por ciento, una vez que se aumenten en la Fed en Estados Unidos.
El Banco de México, en su autonomía, se encarga de la inflación, que es mantener en la estabilidad el poder adquisitivo de la moneda. Dada la situación actual del país, las tasas de interés altas muestran poca sensibilidad para el consumidor, que ya de por sí temía comprar. La economía se verá afectada con menor impulso. Se considera pues que el aumento de .50, en lugar de un .25, representa un frenón, y no una desaceleración adecuada.
Pero se argumenta también que dado el reducido interés por la inversión en México, la deuda, en tasas altas de interés, puede ser atractiva para ingresar dinero a la actividad económica. El objetivo es mantener la inflación en 3 puntos hacia finales del 2017.





















